Teletrabajo y teleactividad

Este últimos meses hemos experimentado, de forma personal más o menos intensa o viendo lo que pasaba alrededor, unos cambios muy importantes en la forma de trabajar. Todos hemos visto también cambios en la manera de hacer muchas otras cosas. Nos equivocaríamos si no analizamos simultáneamente lo que está pasando en cuatro áreas de nuestra vida: el trabajo retribuido, el trabajo voluntario, las relaciones sociales, y las relaciones familiares. Sabemos que las grandes oportunidades que han abierto tanto el progreso en la digitalización como el incremento de la movilidad de personas, de cosas, y de bits, pueden cambiar muy nuestras costumbres en todas estas áreas, y hay que saber adaptarse para conseguir que supongan un aumento del bienestar personal y colectivo.

No es de extrañar que unas circunstancias inesperadas que obligan a reducir de forma importante los contactos personales, hayan producido una aceleración en el aprovechamiento de estas oportunidades. Esto obliga a repensar normas, tanto sociales como económicas, con cambios que seguramente se mantendrán parcialmente una vez hayan desaparecido estas circunstancias. Quiero hablar sobre todo del trabajo, pero no sólo ya que tendremos que hacer adaptaciones en muchos otros aspectos de la vida. Hago cuatro sencillos apuntes.

  1. Límites del teletrabajo. Aumentará mucho, pero no olvidemos que seguirá habiendo una parte muy importante de la economía productiva y de servicios que necesitará una cierta presencia personal para la fabricación de aparatos, la construcción de infraestructuras, la manipulación de objetos, el movimiento de mercancías, la obtención de recursos físicos, la eliminación de residuos, la atención a las personas … Algunas tareas se pueden realizar y controlar a distancia, pero no siempre es posible ni siempre es el mejor. Cuando el trabajo haga referencia a la producción de datos, la creación y transmisión de información, la recolección de conocimientos o de opiniones, y otros elementos inmateriales “digitalitzables”, el teletrabajo asumirá, como ya está haciendo, una parte muy importante de la actividad y pedirá unos nuevos espacios, unas nuevas medidas, unas nuevas herramientas, y unas nuevas competencias. Debemos prever la coexistencia de al menos dos tipos de trabajo, lo que aumentará la dificultad de su organización ya que no se trata de un cambio sino de una diversificación y un aumento de la complejidad.
  2. Espacios. Para la gran mayoría de la población siempre ha habido un espacio “familiar” o “privado”, y otro espacio de “trabajo”. La circunstancial situación actual las ha unificado. Hay que conseguir que no se confunda el concepto de “teletrabajo” con “trabajo desde casa”, ya que esto conlleva inconvenientes que pueden afectar tanto a la calidad del trabajo como en el funcionamiento familiar. Seguirán habiendo “puestos de trabajo” (la fábrica, la oficina, la escuela, el hospital …) pero muchos de los que trabajen podrán hacerlo de forma “no presencial”, al menos en una parte importante de su tiempo. Esto significa que habrá que organizar urgentemente una cantidad grande de espacios (privados o públicos; individuales o colectivos) que ahorren el desplazamiento pero que eviten tener que dar una doble función en el comedor o en la cámara, lo que representa un grave problema, sobre todo para muchas personas de familias con recursos limitados. Hablando de otros espacios, creo que, siendo muy útil, el espacio telemático no puede monopolizar los contactos personales. En toda la relación humana, tanto de trabajo como social o familiar, el contacto físico es un elemento que no puede desaparecer ya que la persona se relaciona a través de cinco sentidos y la conexión telemática queda reducida al oído y la vista. Esto vale también para las relaciones entre personas que trabajan en una misma empresa u organización y que necesitan elementos fuera de los puramente laborales que los creen sensación de pertenencia y colaboración.
  3. Medidas. La actividad laboral tiene una serie de parámetros que permiten valorar el trabajo de las personas y que están muy ligadas a la presencia (horarios, disponibilidad, vacaciones …). La conectividad y el teletrabajo harán que pierdan mucho de la importancia estos parámetros y que el valor personal se centre en los resultados, lo que es muy buena para todos. Pero al mismo tiempo hay que establezcan nuevos criterios y normas para evitar que este cambio reduzca la protección y los derechos de las personas cuando trabajen para organizaciones que puedan abusar de ellos aplicando su propio criterio.
  4. Herramientas y competencias. Se deben adquirir nuevas competencias, no es necesario decirlo, relacionadas con la utilización de las nuevas herramientas. Además de para que sirven y de cómo sacar el mejor provecho, la competencia significa también saber cuáles son sus límites y sus peligros. Son necesarias normas sobre la utilización que establezcan recomendaciones e imposiciones, sin que ello pueda parecer una limitación arbitraria de la libertad personal. En el espacio de la movilidad de vehículos ha sido necesario establecer carriles, direcciones prohibidas, semáforos, límites de velocidad … Igualmente en el espacio telemático tenemos que aceptar limitaciones relacionadas con la privacidad, la fiabilidad, la manipulación, y el rigor , tanto para la protección propia como la de terceros.

Joan Majó, ingeniero y ex ministro