La demografía transforma la realidad

Durante unas semanas el coronavirus originado en la lejana ciudad de Wuhan, nos ha dejado sobrecogidos ante la posibilidad de una pandemia mundial. Es un buen ejemplo de cómo la globalización nos obliga a tener una visión global del planeta.

El crecimiento de la población, el envejecimiento, o las migraciones, son fenómenos globales que transforman la sociedad generando importantes retos. No somos conscientes del ritmo de crecimiento de la población mundial. En los próximos 10 años aumentará en 700 millones de personas, y el año 2050 pasará de los 7.700 millones actuales a 9.700 millones. Es cierto que buena parte de este crecimientos se producirá en África y en Asia, pero las consecuencias llegarán a todas partes.

Este aumento de población obligará a construir viviendas, escuelas, hospitales, infraestructuras, nuevo urbanismo y también pedirá más maestros, médicos, enfermeras, profesionales y puestos de trabajo.

El envejecimiento de la población afecta básicamente a los países desarrollados. En el año 2000 había 600 millones de personas mayores de 64 años. En el año 2050 habrá 2.000 millones. El envejecimiento también genera su propia demanda, más visitas médicas, más fármacos, centros de día, residencias, cuidadores, pensiones …

Las migraciones, ya sea para huir de las guerras, por persecución política, o para mejorar el bienestar, van en aumento. En los próximos 10 años África pasará de tener 1.312 millones de habitantes a 1.703. Son cuatrocientos millones más. Muchos jóvenes querrán emigrar. ¿Dónde irán? África es una bomba de relojería.

Es bien conocido que el 1% de la población más rica, posee tanta riqueza como el 50% de la población mas pobre

También es evidente que los 7.700 millones de personas actuales aspiran a tener un Estado del Bienestar como el que hay en Occidente, para vivir dignamente: sistemas de educación y sanitario, prestaciones del paro, pensiones, dependencia.

Los gobiernos necesitan garantizar los suministros de recursos para su crecimiento económico, por el aumento del número de habitantes y para mejorar el Estado de Bienestar. La lucha por asegurarse los recursos, será un motivo de fuertes tensiones y conflictos.

Tanta presión demográfica y mayor demanda de bienes, tendrá también un fuerte impacto en el medio ambiente: calentamiento del planeta, contaminación en las ciudades, y polución en ríos y mares. Será difícil de controlar.

Todos estos fenómenos tendrán repercusiones en la economía y en la sociedad, llevarán precariedad laboral, aumento de la desigualdad social y agresión al medio ambiente.

¿Cómo poder dar respuesta a tantos retos? Hacer frente, exige muchos más recursos de los que se obtienen con la fiscalidad actual. Es bien conocido que el 1% de la población más rica, posee tanta riqueza como el 50% de la población más pobre. Si se quieren encarar estos y otros desafíos, para mantener la estabilidad social, por interés de todos, pero especialmente de los que más tienen, hay una distribución más justa de la riqueza. Ante tantos problemas una mejor distribución de las ganancias y de la riqueza será uno de los caballos de batalla de los próximos años.

Francesc Raventós
Ex decano del Colegio de Economistas de Cataluña
Miembro del Patronato de Acció Solidària Contra l’Atur

Artículo publciado en La Vanguardia el 01/03/2020