¿De dónde saldrá el dinero?

¿De dónde saldrá el dinero?

Vienen días importantes y difíciles. Pienso que no debe costar mucho ponerse de acuerdo en dos cosas: en primer lugar que, sin escatimar ningún esfuerzo para combatir la crisis sanitaria, hay que acelerar fuerte la lucha contra la crisis económica y social. Y en segundo lugar que, tanto la una como la otra pedirán muchos esfuerzos y muchos recursos económicos. Parece que, después de meses de dudas comprensibles y de intentos fallidos, estamos en camino de poder hacer frente a la pandemia, pero nadie nos puede asegurar que no tengamos que sufrir nuevas situaciones similares; hay un gran esfuerzo de prevención. Y sabemos que el paro que de forma voluntaria, pero totalmente necesaria, hemos provocado a nuestra economía será larga y costosa de recuperar.

Necesitaremos muchos recursos económicos en los próximos años. La actitud con España y la UE debe ser de negociación con firmeza pero no de enfrentamiento ni de posiciones unilaterales de fuerza.

Todo ello significa que necesitaremos muchos recursos económicos en los próximos años, tanto para hacer menos duras las actuales situaciones económicas de personas y de empresas, como para impulsar la recuperación y la reconversión de nuestra economía. No tengo ahora datos ni conocimientos suficientes para dar cifras concretas, pero las dos experiencias que viví tanto al Gobierno de Madrid (Reconversión Industrial) como la Comisión Europea (Revolución Digital), me hacen pensar que serán muy altas las necesidades de inversión , tanto de carácter privado como del sector público. Es por ello que me atrevo a hacer una serie de recomendaciones, pensando sobre todo en el nuevo gobierno catalán.

  1. Los orígenes de los fondos.Después hablaré de los fondos privados, pero los fondos públicos disponibles en Cataluña saldrán de la recaudación propia, de transferencias del Estado, de transferencias de la UE, o de endeudamiento. La gran novedad de estos años son precisamente los grandes ayudas provenientes de la UE y las facilidades de endeudamiento que facilita el BCE. Esta es sin duda una gran oportunidad, sin la que la salida de la crisis sería muy difícil. Hay pero tener en cuenta tres aspectos derivados de la relación con el Estado que pueden dificultar la cifra de las transferencias: Una, ya muy conocida, es el actual sistema de financiación que provoca un excesivo déficit fiscal, no compensado con las inversiones directas del Estado en Cataluña. Una segunda que es la formula para el reparto de los fondos extraordinarios que el gobierno de Madrid pueda distribuir entre todas las comunidades. Y una tercera relacionada con el papel de intermediario que Madrid tendrá como transmisor de las ayudas recibidas de la UE. Por estas razones pienso que los acuerdos que se negocien, sea de forma bilateral o con todas las comunidades autonómicas, marcarán las cifras finales. No hay que olvidar la importancia de esta negociación, para asegurar más recursos. Y hay que pensar que en nuestro caso, a diferencia de otros espacios europeos, las posibilidades de endeudamiento están relativamente limitadas por la gran deuda ya existente.
  2. Finalitades de utilización.El problema es similar en todas partes, pero no olvidemos que los recursos extraordinarios de los que desposar deben servir para resolver situaciones de dificultad presentes, tanto de personas como de empresas, pero sobre todo para ayudar a hacer las reconversiones necesarias para garantizar un mejor futuro. En el caso catalán esto supone volver a una economía más industrial y tecnológica, reduciendo la importancia de algunos tipos de servicios relacionados sobre todo con el turismo de poca calidad; impulsar la creación de conocimientos y su transferencia al tejido empresarial; y recuperar en el mundo de las tecnologías digitales y de la sostenibilidad, el papel que nuestro paí ya había jugado hace algunas décadas en aquella etapa industrial. Mi experiencia me dice que para ello hace falta una actitud inversora del sector privado, pero orientada, estimulada y ayudada desde el sector público. Existen posibilidades importantes de inversión en muchos sectores económicos, pero se necesita la creación de oportunidades que supongan una cierta colaboración público-privada. El nuevo gobierno debe saberlo y promover las oportunidades, sea cofinanciando, o quizás aún más impulsando medidas de tipo básico como mejorar el sistema educativo, aumentar el apoyo a las actividades de investigación y de innovación, y financiando estructuras públicas que lo faciliten.
  3. Estrategia política. Ni me toca, ni puedo, hacer ningún programa para un nuevo gobierno. Pero me gustaría insistir en una orientación central, a la hora de constituirlo. Por razones de salud pública, de recuperación de la economía, de atención a los más perjudicados, y de exigencia de sostenibilidad, necesitaremos disponer de más recursos de los que ahora tenemos. Tengamos claro qué debe ser los orígenes de estos recursos y no los ponemos en peligro con posiciones equivocadas con los que deben ser nuestros aliados, pero podrían convertirse en adversarios, España y la UE. Tanto en un caso como en otro, la actitud debe ser de negociación con firmeza (reducción del déficit fiscal, aumento de la inversión estatal, reparto adecuado de las ayudas europeas …) pero no de enfrentamiento ni de posiciones unilaterales de fuerza.

Dejadme que sintetice en tres frases cortas esta orientación estratégica: 1) El dinero no lo son todo, pero sin dinero es muy difícil hacer una buena política en tiempos de crisis. 2) Hacer el valiente en las relaciones sin tener la fuerza suficiente, puede llevar a un gran fracaso. Y 3) A la hora de constituir un nuevo gobierno, hay que hacerlo teniendo en cuenta cuáles serán las prioridades inmediatas.

Joan Majó, ingeniero y exministro

Publicado en el Diaria Ara el 04/03/2021.

El papel futuro de las empresas

El papel futuro de las empresas

Todos aquellos que consideramos muy importante el papel de las empresas en la sociedad, y sé que tanto los redactores como los lectores de esta publicación formamos parte de este grupo, necesitamos hacer urgentemente una reflexión sobre las circunstancias actuales que obligan a hacer cambios serios de este papel en los próximos años.

La evolución de la humanidad, desde hace muchos siglos, ha sido producida por diferentes motores, entre los que yo pienso que los más importantes han sido cinco: por una parte, los cambios en las necesidades de las personas, y el aparición de nuevos retos colectivos; y por el otro, el incremento de los conocimientos humanos, la disponibilidad de nuevas herramientas proporcionadas por la tecnología, y la mayor capacidad de agruparse y de colaborar para resolver conjuntamente los problemas. Los dos primeros han pedido, y los tres últimos han hecho posible, que se crearan nuevos modelos de organización de la vida colectiva. Entre ellas podemos destacar los Estados en el campo político, y las Empresas en el campo económico. No se pueden entender sin estas dos figuras organizativas los últimos tres siglos.

Debemos ser conscientes de que ahora nos encontramos en unos momentos de crisis, entendida como cambio, por la aparición de tres retos que ponen en cuestión nuestro sistema de convivencia: la crisis ecológica, la crisis sanitaria y la crisis producida por la desigualdad económica y social, entre personas y entre países. Cada una de ellas pone en cuestión el futuro, y por razones de sostenibilidad, tenemos que hacer frente simultáneamente a las tres, entre otras razones porque están mucho más relacionadas de lo que pueda parecer.

Afortunadamente estamos también aumentando mucho nuestros conocimientos y tenemos a nuestra disposición muchas nuevas tecnologías que nos ayudarán. Pero para ello, tenemos que empezar aceptando que dentro de pocos años la estructura de la organización política será otra y que el papel de Estados cambiará mucho, como ya vemos que está pasando con la Globalización. Y, aunque tal vez no sea tan evidente, yo creo que también tiene que cambiar bastante el papel, la razón de ser, y la forma de organización de las Empresas. Dejadme avanzar unas pocas ideas muy simples y muy generales al respecto.

Muchos consideran que la finalidad de una empresa es la creación de un producto (material o intelectual), o la prestación de un servicio. Y muchos piensan que es la generación de un valor material que se reparten los que intervienen en ella, en forma de salario o de beneficio. Esto es real, es aceptado en general, y ha sido útil para el crecimiento de la economía. Pero quiero poner de manifiesto algunas tendencias que creo que tendrán que impulsar cambios, para hacer frente a los retos que he indicado y que pueden modificar aspectos de la política y de la economía.

  1. Producto y/o servicio. En la época industrial nos hemos acostumbrado a resolver nuestras necesidades a través de la posesión de productos materiales (coches para viajar, lavadoras para limpiar, libros para leer, aparatos para escuchar música …). Aunque ya lo hacemos, cada vez más tendremos que cambiar más la “posesión” de un producto por la posibilidad de “acceder” a un servicio; y cada vez habrá menos fabricantes de máquinas y más empresas distribuidoras de servicios. Esto reducirá mucho el consumo de productos minerales y de energía para fabricarlos, y también cambiará las relaciones capital-trabajo ya que no es la misma en una “fábrica” ​​que en una “oficina” o una “prestadora de servicios”.
  2. Interés personal y colectivo. Una gran cantidad de empresas trabajan para satisfacer necesidades personales, pero cada vez tenemos que ser más conscientes de los retos que son colectivos (equidad social, sostenibilidad ecológica, seguridad sanitaria …). No basta con intentar, como, evitar su agravamiento estableciendo un salario mínimo, o un impuesto sobre emisiones de CO2, o un tratamiento de residuos. Es necesario que se amplíe mucho el concepto de Responsabilidad Social Corporativa de manera que pase a ser un fin empresarial paralela a las actuales, que deje de ser una estrategia de mejora de imagen, y que se incorpore a la razón de ser . No debemos permitir que una empresa que esté haciendo un gran servicio a la colectividad, desaparezca para que no tenga un cuenta de resultados positivo. ¡Ganar dinero debe dejar de ser la única finalidad de una empresa!
  3. El origen de los ingresos. Poco a poco no todos los ingresos personales deberán salir del trabajo retribuido, ni éste ocupará tanta proporción del tiempo de las personas. Esto supondrá la necesidad de ir pensando otros tipos de rentas, como la que ahora ha nacido con el ingreso mínimo vital, o alternativamente, aumentando el acceso a servicios públicos gratuitos. Se debe consolidar y mantener lo que se ha hecho el siglo XX.
  4. Capital privado o público. La libertad de actuación de las empresas debe ser grande, pero debe estar siempre sujeto a la regulación, y ésta no debería permitir situaciones como la que se ha vivido recientemente en el mundo de la energía. Creo que incluso se debería aceptar que debe haber un tipo de empresas que, por la naturaleza de la actividad, deben ser siempre de capital público, y en algunos casos de capital mixta, aprovechando al mismo tiempo las ventajas de la gestión profesional cualificada, teniendo cuidado de los objetivos sociales colectivos.

En resumen, las empresas deben seguir siendo un elemento fundamental de nuestras sociedades pero, sin caer en los errores de algunos regímenes dictatoriales, habrá repensarlas para hacer frente mejor a las nuevas exigencias sociales. ¡Tendremos que hablar mucho!

Joan Majó, ingeniero y ex ministro

La justicia social y las legalidades

La justicia social y las legalidades

Una vez más hay una fecha del año para hablar de la justicia social. Pero hablamos antes de la justicia precisamente hoy que se está poniendo más el foco en las actuaciones judiciales porque están más de moda. Y por lo tanto el papel de los jueces que parece que tienen que interpretar la aplicación de la ley.

Como vamos viendo, la justicia va muy ligada a la ley. Y por lo tanto las leyes determinan donde radica la justicia. Y la ley limita o condiciona la justicia. Y ¿quienes las hacen las leyes? Los políticos que teóricamente provienen del pueblo, de todos. Es lo que llaman democracia.

Pero las leyes tienen muchos límites y muchos defectos. Dependen de concepciones ideológicas dominantes y son imperfectos porque no lo prevén todo, tienen muchas grietas. Y no digamos cómo se hacen las interpretaciones y en muchos casos de quien provienen, con dudosa neutralidad. La ley convierte un corsé o camisa de fuerza ya menudo una bandera para justificar verdaderas injusticias. Parece que se debe respetar más la ley que la justicia.

Pero si ensanchamos más la mirada, no podemos contemplar la justicia cerrados sólo en una entidad nacional o estatal. Habría que trasladar a una realidad mucho más ancho y global donde podemos ver mucha injusticia: los inmigrantes, los deportados, la gran hambre en determinados lugares, las todavía guerras y rivalidades irreconciliables, el racismo, la inferioridad de género, el calentamiento progresivo y nefasto del planeta con todas las consecuencias, el poder y los abusos de los fondos buitres, más allá de los estados, etc.

¿Dónde están las leyes para regular o intentar hacer justicia de todas estas injusticias? Quizás también hay algunas leyes, pero muy débiles y sin posibilidades de hacerlas cumplir.

Y si llegamos al tema de hoy, la justicia social, con las leyes que tenemos y en la poca voluntad de dar la vuelta al cuerpo legal injusto: la reforma laboral del partido laboral, la ley mordaza, el abuso energético de las grandes compañías, los desahucios, los precios de alquiler desbocados, falta de protección del medio natural, etc. O sea que si no hay las leyes correctas, como puede haber más justicia, aunque sean leyes con pocas garantías de hacer justicia.

Pues sí, una vez más, debemos reivindicar la justicia social, la de los que trabajan y la de los que no pueden trabajar aunque quieran. Y sin olvidar de la justicia social de la cual nos hemos referido más arriba, la más amplia y global.

 

 

 

 

Miquel Verdaguer
Secretario de Acció Solidària Contra l’Atur

La inflación será bienvenida

La inflación será bienvenida

Los precios están bajando. Es lógico en un momento de pandemia, fuerte parálisis económica en sectores significativos, desempleo elevado y elevada incertidumbre. La UE, el BCE y los gobiernos están haciendo esfuerzos gigantescos para estimular el crecimiento económico, crear empleo, ayudar a los más vulnerables y evitar el riesgo de deflación, lo que deriva en elevados déficits y aumento de la deuda pública.

Tradicionalmente se había considerado que un nivel de inflación al 2% del PIB era saludable para facilitar el crecimiento y dar estabilidad a la economía. De hecho, el único objetivo del BCE es garantizar la estabilidad de los precios. También es uno de los objetivos de la Reserva Federal Americana.

Ya que la economía no reacciona suficientemente los enormes incentivos creados, se deberán tomar nuevas medidas. Ahora parece que el objetivo de los bancos centrales de mantener la inflación por debajo del 2% es insuficiente y que hay que ir más allá.

El disparo de salida lo ha dado la Reserva Federal Americana que el mes de agosto anunció que su objetivo será que la inflación se sitúe en el 2% como media histórica. Es decir, que como la media de los últimos tiempos ha estado por debajo del 2% se crearán más estímulos para que se llegue a este nivel.

Ya que la economía no reacciona suficientemente los enormes incentivos creados, se deberán tomar nuevas medidas.

Tampoco la presidenta del BCE, Christine Lagarde, se ha quedado corta. Recientemente ha declarado que el BCE prepara una revolución en la política monetaria revisando su objetivo. Considera que el BCE debe «compensar» los años de baja inflación con períodos en el que la inflación crezca por encima del 2%.

A la vista del fracaso de las políticas convencionales para estimular la economía, se han ido aplicando medidas heterodoxas, como fueron el Quantitative Easing, intereses negativos por los préstamos, suspender el Pacto de Estabilidad de la UE para controlar el déficit o aprobar paquetes astronómicos de ayudas. Pero no ha sido suficiente.

La «nueva normalidad» post pandemia obligará a ser muy flexibles y alternar medidas «no convencionales» para gestionar la economía. Hemos entrado en un arriesgado terreno desconocido en el que el criterio de prueba y error será la guía.

Aumentar la inflación por encima del 2% no es inerte. De entrada disminuye el valor real del endeudamiento, lo útil para reducir la inmensa deuda acumulada. A título orientativo, una inflación del 3% durante 10 años reduce el valor real de una deuda con un 34%. Pero salen perjudicados los acreedores, pequeños ahorradores, los pensionistas, o el personal que trabaja y no puede evitar perder poder adquisitivo. Habrá que recurrir a soluciones justas.

Las medidas tomadas por el momento han servido para dar un respiro a la sociedad, a la economía y estabilizar las primas de riesgo. De momento, hay que agradecer el inmenso esfuerzo que están haciendo, y que deberán seguir haciendo, la UE y el BCE para intentar salir de una situación hasta hace poco inimaginable. Nosotros, suerte tenemos de la Unión Europea.

Francesc Raventós
Exdegà del Col·legi d’Economistes de Catalunya
Membre del Patronat d’Acció Solidària Contra l’Atur

Article publicat La Vanguardia el 06/12/2020.

Hay que repensar los currículos

Hay que repensar los currículos

La transición hacia la que se ha llamado “la sociedad post-Covidnos obligará a hacer algunos cambios importantes en muchos aspectos de nuestra vida. Tal como indica el título, quiero hablar de un concreto y puntual, pero antes quiero hacer una precisión: no es bueno que adjudicamos a la pandemia el protagonismo del cambio de época; seguramente el virus habrá sido un acelerador casual e involuntario, pero lo que marca el sentido de los cambios son tres transformaciones profundas de gran trascendencia que continuarán vivas después de él. Se trata de la globalización, la digitalización y la sostenibilidad. No lo olvidemos, porque las tres nos obligan a repensar nuestras responsabilidades con los demás humanos y con el planeta, y nos harán actuar de otro modo.

“No olvidemos que tenemos nuevos retos, que ahora los conocimientos cambian mucho más rápidamente, y que todos necesitamos nuevas competencias para no quedar descolgados y poder aprovechar los avances tecnológicos.”

  1. Currículums. Ya hace un tiempo que yo, y supongo que muchos como yo, cuando debemos analizar el currículum de alguien nos fijamos mucho más en lo que ha hecho y como lo ha hecho, que en sus títulos académicos. Si tenemos necesidad de conocer mejor alguna persona para pedirle un consejo, de ofrecerle un trabajo, de hacerle confianza para una actuación conjunta, o de votarla, utilizamos el currículo valorando su trayectoria más que no sus estudios. Esto responde a una realidad que quiero comentar y que se relaciona con los conocimientos, las capacidades, las actitudes, las experiencias, la educación escolar y extraescolar, o la preparación profesional.
  2. Conocimientos y capacidades. Está claro que los conocimientos son muy importantes para ir mejorando las capacidades personales, pero éstas no se adquieren de forma segura hasta que no se consolidan a través de las experiencias y los aprendizajes prácticos. El contacto con la realidad, el aprendizaje a partir de los ejemplos de otros, la conciencia del acierto del trabajo hecho, el análisis de los errores cometidos cuando se ha fracasado, son el mejor maestría que se puede tener, al hora de enfrentarse con los problemas de la vida. Es por ello que sería necesario que las evaluaciones que se hacen a la hora de otorgar títulos escolares o universitarios, no se centraran tanto en la comprobación de la retención de conocimientos teóricos, y mucho más en la verificación de que se han adquirido capacidades útiles. Para que esto fuera así, las actuaciones escolares y universitarias deberían reducir la transmisión de conocimientos (que cada vez la persona puede adquirir fácilmente por sí mismo a través de otros medios) y multiplicar las prácticas, sobre todo las externas realizadas en ámbitos de la vida real. La calificación académica no puede ser sólo la certificación de conocimientos.
  3. Actitudes y experiencia práctica. Creo que las actitudes con las que una persona enfrenta un trabajo o unos problemas, influyen extraordinariamente en el resultado de su actuación. Es por ello que la predisposición a escuchar, al diálogo, al trabajo en equipo, la comprensión de intereses diversos, o el análisis de las consecuencias de las decisiones, son una gran parte de la valoración personal. Estas actitudes deberían formar parte más intensamente los procesos educativos ya que es allí donde se inician pero se refuerzan mucho en la experiencia personal. Creo que a menudo tenemos una valoración insuficiente de la importancia que tiene una larga y diversa trayectoria personal. A veces pienso que lo que aprendí en unos meses de trabajar en una empresa de París, en una de New York, y en una de Eindhoven, fue tanto o más importante que lo que había aprendido en la carrera … También pienso que uno de los valores más importantes de la carrera fue que casi todos los exámenes consistieran en resolver problemas, pudiendo consultar si había que los libros o los apuntes.
  4.  Sociedad educadora.El sistema de educación formal (enseñanza escolar y universitaria) tiene mucha importancia, pero probablemente no más que la del conjunto de otros ámbitos en los que la persona se mueve. La familia en primer lugar, pero también las actividades formativas o deportivas extraescolares, las estancias de prácticas en empresas, la participación en actividades de voluntariado, la implicación en grupos sociales, son complementos de un valor extraordinario en la tarea formativa. Para ello sería necesario que todas estas organizaciones tuvieran claramente una dimensión educativa y que hubiera una relación formal entre ellas y la escuelas o las universidades. Es urgente desarrollar mucho más la formación profesional dual, y tomar este ejemplo como espejo para impulsar un movimiento conjunto de cooperación de organizaciones públicas o privadas con las entidades del mundo educativo.

Acabo con dos recomendaciones: a) A la hora de hacer un currículum, no se han de omitir los títulos y los cargos que se tiene o ha tenido, ya que son importantes; pero con eso no basta. Se deben reflejar mejor los hechos que ponen de manifiesto características humanas, y experiencias acumuladas que puedan ayudar a completar el retrato personal. Y B) No olvidemos que tenemos nuevos retos, que ahora los conocimientos cambian mucho más rápidamente, y que todos necesitamos nuevas competencias para no quedar descolgados y poder aprovechar los avances tecnológicos. Recordemos que la formación se debe buscar en todas las actividades que se desarrolla y debe extenderse a todas las etapas de la vida.

Joan Majó, ingeniero y ex ministro

Europa: tranquilidad o miedo

Europa: tranquilidad o miedo

Pienso que el bienestar es una sensación de presente que se experimenta cuando uno se siente bien, pero que la tranquilidad y el miedo tienen a menudo que ver más con el futuro. La tranquilidad viene de la confianza cuando las perspectivas son buenas, y el miedo la producen las malas perspectivas, pero quizás aún más las perspectivas inciertas. Aceptando que estas sensaciones tienen una dimensión individual, es evidente que su extensión produce un efecto colectivo o social. Se oye hablar a menudo de “bienestar social“, pero mucho menos de “miedo social“, y creo que esto es precisamente lo que caracteriza nuestras actuales sociedades europeas y es un elemento clave de lo que nos está pasando; por eso quisiera analizarlo un poco más.

  1. Un siglo de contrastes. Tras unos cincuenta años de relativa tranquilidad, no tenemos que avergonzarnos al reconocer que ahora los europeos estamos cargados de miedos, ya que alrededor del cambio de siglo se ha iniciado una nueva situación. La primera mitad del siglo XX, aunque con unos años tranquilos, estuvo llena de enfrentamientos, de dictaduras, de campos de exterminio, de emigrantes, de guerras y muertos. Tanto para los que las vivieron, como por los que nacieron después, la segunda mitad del siglo fue muy diferente, y pudimos mirar el futuro con unas perspectivas aceptables que se iban confirmando o mejorando década tras década. En el ámbito político, los acuerdos de paz, la restauración de regímenes democráticos, el nacimiento de muchas organizaciones de carácter internacional (ONU, UNESCO, OIT, OMS …), y la progresiva construcción de una entidad política europea, eran algunos elementos muy positivos. Pero sobre todo la recuperación de un proceso de crecimiento económico que generaba riqueza real y que creaba muchos puestos de trabajo y una paralela disminución de las desigualdades sociales, permitían a una parte muy importante de la población mirar el futuro con optimismo. Evidentemente, la situación era mejorable, incluso muy mejorable, pero iba mejorando para muchísima gente. Había tranquilidad y confianza en el futuro. Muchos expresaban el convencimiento de que sus hijos vivirían mejor que sus padres …
  2. Las últimas décadas. A muchos les cuesta aceptarlo, pero la coincidencia de la globalización con las corrientes neoliberales de finales de siglo rompieron esta dinámica. La globalización fue la consecuencia, inevitable pero buena, de un conjunto de circunstancias y de posibilidades derivadas la mayoría del progreso tecnológico. Pero un cambio de situación como éste pedía una adaptación o un cambio de regulación, y lo que se hizo no fue eso sino simplemente se des-regular y se echaron atrás muchas de las políticas que habían permitido el tipo de progreso de los años anteriores. Poco a poco, a partir de este hecho, la gente se fue mirando el futuro con más preocupación, ya que las tres últimas décadas no invitan a pensar que “cada vez vamos mejor”. El terrorismo y las guerras relacionadas con luchas radicales, el progresivo paso de una economía industrial regulada dentro de cada estado a una economía financiera de carácter mundial, la evidente incremento del poder de los grupos financieros por encima del teórico poder político de los gobiernos de muchos países, o más recientemente, la experiencia del poder de los grupos que controlan los datos, la conectividad o la creación y la distribución de la información, ha ido haciendo crecer el miedo al futuro, tanto en el campo del trabajo, como en el de los recursos. Miedo al futuro del trabajo, miedo al retorno de la pobreza y la escasez, miedo a la sostenibilidad del modelo de consumo, miedo a la decreciente calidad de los servicios públicos (enseñanza, sanidad, pensiones, oportunidades de trabajo, protección de la vida privada …) y también miedo a las posibles consecuencias de una aparente impotencia o incapacidad de los gobiernos para dar soluciones a todas estas necesidades o preocupaciones.
  3. Europa en la pandemia. Sabemos que lo que las personas hacen cuando toman decisiones empujadas por el miedo es difícil que parezcan racionales y que sean entendidas. Si son los que gobiernan los que las toman, en base a informaciones dudosas y en perspectivas inciertas, es fácil que creen en los ciudadanos desorientación y sospechas de incompetencia, y esto contribuye aún más a hacer crecer la desconfianza y el miedo en el futuro. Sería preciso que hubiera un mayor grado de transparencia en las manifestaciones de muchos gobiernos europeos, entre ellos, nuestros, para evitar la apariencia de tener la verdad y de conocer lo que hay que hacer, y así poder descalificar las otras opiniones. Esto refuerza los populismos de una y otra parte, polariza las sociedades, convierte el juego político en enfrentamientos permanentes, hace muy difíciles las actuaciones consensuadas, y en definitiva también hace que muchos empezamos a tener miedo de que se ponga en cuestión el sistema democrático . Un pueblo atemorizado y decepcionado es muy fácil de ser engañado por unos líderes irresponsables con unos objetivos emocionalmente estimulantes.

Joan Majó, ingeniero y ex ministro